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A sus siete años, María Guadalupe aprendió que ningún obstáculo es más grande que sus ganas de seguir adelante. Nació con una condición congénita en su pierna derecha, pero eso nunca ha definido quién es.
Como cualquier niña de su edad, disfruta ir a la escuela, jugar futbol, andar en bicicleta y subir escaleras. Su nueva prótesis, gestionada con el acompañamiento del DIF Estatal, le permite hacer todo eso con más confianza y menos esfuerzo.
Detrás de cada prótesis entregada hay una historia parecida: una familia que no se rindió y una institución que estuvo ahí. Para María Guadalupe, esto significa más libertad y más motivos para sonreír.















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